I

Pienso en un “tú y yo”

Y solo el cielo, es tu colchón.

La luz del día,

es el televisor

que ayer dejaste encendido

fumando hierba en tu habitación,

y nada es como imaginaste.

Ese vaso de ron

no eran tus labios,

solo alcohol que no ayudará,

No borrarás esos recuerdos en

tus últimos tragos.

 

 

II

Ayer pensando en ti,

supe que nada seria igual,

el día que te vi,

sentía que a pesar de todo eras real.

Habías salido de mi cabeza,

formabas parte de algo diferente;

Y cuando te marchaste, la pereza

llegó a todo, gris de repente.

 

 

III

Triste,

como una cama vacía,

un lunes sin ti.

Vacío,

como el faro a control remoto,

la playa después de las ocho.

Amargo,

como el perro sin pedigrí,

como aquellas playas tras el terremoto.

Azul

como el gato triste en el tejado,

como el soldado al que al matado.

Nervioso

tras la complicidad de una mirada,

que primero ríe y luego calla.

 

 

 

IV

Hola flaca, ¿qué te trae por aquí?

Tal vez estés buscando lo que no vas a encontrar,

y encuentres a quien no busques.

Y mientras escribo a alguien que eras tú,

y busco esas miradas

tantas veces disimuladas.

Y te pierdo, y te siento,

solo son horas perdidas,

y tal vez me hables

de tu vida,

de aquellas huidas.

 

 

 

V

Siento celos de tu cama,

que te abraza cada noche.

De esa almohada que sabe y calla,

de todo tu cuerpo que te guarda.

De aquel chico,

que te arranca una sonrisa cada mañana,

y pocas veces soy yo.

De quien sabe de tus sueños,

quien te hace feliz

quien te suma uno mas uno y nunca dan dos.

En fin tantas pequeñas cosas,

que ven, tus ojos de gata

que tanto dicen y callan.

 

 

 

VI

Y pienso, y sueño.

Y me pongo violento si no estás,

y cojo las rosas por las espinas,

y sangro lo que no se llorar a media noche.

Y aquel vaso hecho pedazos,

roto al igual que el día,

cuando me olvido de soñar.

Busco tus ojos, que iluminen

éste día gris.

Y la noche que no se atreve a tocar tu pelo,

me cala hasta los huesos.

Tu recuerdo que me invade,

confunde sentimientos y

sentidos sin sentido,

ojos que no miran lo que sienten,

y quieren lo que no han de mirar.

Celos de la propia vida que te sujeta,

al suelo que pisas,

de los mechones que cubren tu cara

cuando sopla el viento.

 

 

 

Varios efectos al alcohol

Lágrimas de alcohol pensando en ti

y largas charlas,

sobre el plan vasco y sobre ti.

Y el ron hace su aparición,

y tú, mi rubia, no estás aquí.

Y el móvil no responde sobre mí;

mientras tu almohada dice sí

a algo que no tiene nada de mí.

Sino de otro,

sino de tu barrio,

sino de tu cama;

De ti.

 

 

IIX

20/02/05 (Valencia)

Esa noche, no se que ocurrió,

hablamos, ocupé tus ojos de gata

al lado de tu cama;

sentí tu calor.

Tus labios, sentí veneno letal;

solo en la frente,

beso de amigo, idiota y testigo;

“buenas noches mi amor”.

Y al día siguiente,

todo era diferente

y nada pasó

Tus labios no decían cuanto callaban,

los míos tan rotos del frió,

soñaban en los tuyos con brío,

que al fin se encontraban (besaban).

 

 

IX

20/02/05 (Valencia)

Algo me pasa, no puedo salir,

no importa, en mi mente

te creo, te oigo, se que estas ahí.

Al salir de allí, el frió apretaba,

supe que solo me faltaba tu calor

para echar de nuevo a andar.

Y en mi cabeza sonaba;

“tenemos que hablar”.

Idiota de mí me pudo el sueño,

el hambre de tus besos,

libar el néctar de tus senos (sueños),

y como en aquel sueño de mayo,

volver como Peter a volar.

 

 

X

21/02/05 (Valencia)

Sentimientos confundidos,

y un viaje sin fin;

Ésos que vivimos,

al igual que ésos autobuses rojos,

nunca llegarán hasta aquí.

Calles estrechas, y tú,

buscas la huida,

nadie te mira,

por qué todo sin ti,

sabes y callas,

me cuentas qué pasa

y no puedo dormir

sin ti a mi lado,

sabiendo que estás tan cerca.

 

 

XI

21/02/05 (Valencia)

La última vez, volaba sobre aquellos tejados

desde mi ventana.

Hoy solo me he estrellado,

sin más aliado

que ocupar un rincón de tu cama.

Y ahora esto escribo, sueño, persigo,

y todo ya es nada,

solo el tiempo es testigo

nunca fiel amigo,

pues casi, aquella noche,

sin decirte aun nada me mata.

Wendy se fue, ella no se quien es,

Ícaro voló, Comála en algún mapa apareció.

Luego el Pirulí cerca de Madrid, y

tú, estabas ahí, nada que decir.

De vuelta aquí,

ésta es nuestra ciudad, todo no es real,

y algo ciega tu verdad,

encierra una mentira de la que no sé escapar;

volverte a susurrar, que creas que es verdad,

que el tiempo solo es animal

que come nuestras almas, nuestra vida.

Todo es real…Todo es mentira…

 

 

XII

Dicen que una mirada,

más de mil palabras vale.

Lo que pasa por tu mente,

quién lo sabe.

Y sentido confundido, y sentimiento,

crees que te quiere por lo que eres,

lo que llevas dentro.

 

 

XIII

Nos buscamos en horas perdidas,

robando miradas

como tahúres, ciegos de amor.

Nos cruzamos en largas avenidas,

inundando vidas.

Quemando sonrisas, muertos de ardor.

Y me imaginas volviendo de ése viaje,

al que nunca fui.

Y recorro calles mojadas, buscando sombras

que llevan tu nombre.

La lluvia golpea tu cuerpo frágil,

y mi corazón débil,

habla de ser, de ser contigo.

Y mi mente empieza a hablar de algo vil.

Y descubres la magia del momento,

pierdes, te puede, te arrastra el tiempo.

Y muerdes la fagia de tu memento

sientes, te miente, te apaga el viento.

 

 

 

IXV

Cuando te encuentres sola,

pienses que a tu lado todo ya pasó,

piensa que alguien vendrá a

rescatarte del olvido

de tus propios recuerdos.

 

 

XV

Nunca pensé que tu nombre me pudiera decir

tanto con solo nombrarlo en el silencio de la noche,

mientras me encuentro solo.

Nunca supe que eras esa droga que no intentaría

evitar, a pesar de todo lo que me dijeran,

que siempre serías esa duda que queda

colgada, que te llevas contigo cuando te vas.

Que guardaría en mi mente, momentos que

solo tú, y solo yo, conocemos,

pero que estoy seguro solo son algo para mí.

Viajes que confunden, dudas que se saben y

se esconden, en rincones oscuros,

en el humo que fumas, mientras te busco

entre las calles de ciudades que no conozco;

mientras tú buscas a tu príncipe azul.

 

 

 

11- M (11/3/05).

Todos íbamos en trenes vacíos,

descubriendo la fragilidad.

Todos íbamos hacia Atocha,

en ese día gris.

La fragilidad se adueño de aquel vagón,

no solo Madrid enmudeció.

Y tú y yo sentimos lo mismo,

en tu ciudad o en la mía.

Tú en tu vida diaria y yo en mi rutina,

no nos conocíamos, pero el sentimiento nos unía.

 

 

 

XVII

Te observo desde lejos,

y odio tus palabras

cuando no me miras,

y creo que todo son mentiras.

 

 

 

Si pudiera volver allí ¡ay! si pudiera…

El amor se va, si es que

alguna vez existió,

y tú a cuatro metros, solo

tan cerca en lo que yo te he escrito.

Nada nos separa

y la vida se te escapa,

y la rutina nos traga,

nos vence, como la arena entre tus dedos.

Y todo es nada,

hojas de hierba,

palabras sin nombre

que tan solo una vez pude oír.

Y la primavera llega

a un gran almacén.

Y el rayo del primer sol ciega

todas las rebajas de amor que te dan.

Y el verde lleva al azul,

heridas que no cierran.

Todo lo cubre un oscuro tul

de realidades que se niegan.

 

 

 

IXX

Levántate, anda, camina;

no dejes que te pueda el tiempo.

Que tus labios no digan lo que callan,

con solo besarlos, y que no te roben besos falsos;

huye de todo lo que te marchite la

memoria, pero no vivas del pasado,

sin hacer presente.

Que el tiempo no lastre tus horas, no corte tus alas,

¡Vuela!, ¡vuela libre!...

Busca a las personas que te rodean hoy,

no cuando sean solo unos recuerdos, que

rompes, que haces recortes como las viejas fotos.

Descubre rostros, y no mascaras que ocultan la verdad.

Ahora es el momento de volver a empezar,

brindemos que hoy es siempre todavía.

¡Salud!...

 

 

 

XX

Daría lo que fuera

por ver tu piel desnuda;

mentiras, papeles que se arrojan a una hoguera,

palabras, miradas, gestos que disipan la duda.

Y la rutina es mía y tuya,

y a los dos nos puede,

no dejes que lo nuestro destruya,

bien sabes que el tiempo unirnos debe.

Y pienso que todo esto acaba,

perderé tu cara.

El humo de tus besos cuando te marchas;

y tu pelo revuelto.

 

 

 

XXI

A veces me siento dentro de una gran farsa,

que es mi propia vida;

a veces yo mismo me confundo y

sin querer me creo que te quiero.

Y ella intenta ser real, y entra

en el gran teatro del mundo,

en la farsa que yo mismo confundo.

Y la quiero y no me cree,

y te quiero y no me creo.

Retraída, pensativa, cambiante y real;

Decidida, impasible, invariable…

 

 

 

XXII

Perdona, pero llega mi tren,

el momento de la despedida,

otro día nos vemos, quedamos, hablamos,

me cuentas más de tu vida…

 

 

 

XXIII

Toda mi vida es

un poema triste,

cortada en trozos

de fotos arrojadas en un rincón,

donde arde una hoguera.

Y te cuento esto,

y aquello,

y quieres intentar volar

sobre los tejados.

Y abres la ventana de

tu casa,

y solo quieres escapar

de una realidad que te resulta extraña.

Y le crees,

le ves volar, y

te lleva a donde

no lleva nada…

 

 

 

XXIV

Saltando trozos de cristal

esquivo los cortes de la vida,

pasa el día, y

me evitas.

Tu mirada escapa,

tus labios secan las palabras,

vuelven las historias repetidas

y se entrelazan rosas sin espinas.

Y tu, preguntas…,

respuestas malditas

que no te quiero dar,

que no me dices, pero no quieres oír.

Ahora, el todo que era nada

no es lo mismo para ti:

y dices que la hipocresía

se está apoderando de mí.

 

Pasa el tiempo

y aún es más difícil,

las cosas cambian,

pero tú sigues ahí

y sigues siendo…en mí.

 

 

 

XXV

Tenemos razones,

seguimos viviendo,

mentiras, ladrones,

y sigues huyendo.

Déjate llevar

no sé hacia donde.

Deja volar

el miedo de caer al vacío.

La enseñé a volar

y me acabó (por ello) maldiciendo,

esperaba lo mismo, soñar,

me pudo el miedo.

Y te observo en silencio,

tan callada, tan lejos,

y descubro con recelo;

Ítaca, no está tan lejos.

Tus ojos me iluminan,

no camino ya a tientas,

tus senos (son los que) me guían

al laberinto que encierras.

 

 

 

XXVI

A tu lado,

tan lejos,

unos ojos, claros, bien abiertos,

tan ciegos.

Enredado en tu pelo,

qué parecido a mi vida,

enredémonos cuerpo a cuerpo,

en noches de vino y rosas sin espinas.

Y ahora el agua ya no resbala

por tu cristal.

Y piensas tu vida

mirando a un cielo azul,

que es tan solo el techo de tu habitación.

Dudas, y lloras, y sueñas,

te pueden tus sueños,

me pueden mis miedos

y me arrastran a otros brazos.

 

 

 

XXVII

Aquel año ganamos,

y estallaban trenes,

moría gente en Madrid

y las calles se inundaban de gente.

Y aquel septiembre,

no iba a ser uno más,

volvían a crecer primaveras,

y creímos de nuevo en claveles en los fusiles.

Aquel año Marzo,

duró doce meses,

y tú y yo

abrazábamos sueños.

Sentí dos pupilas

que me trataban bien,

y esos labios

que volvían a un papel.

Volví a escribir

versos tristes,

descubrimos que no

todo estaba escrito.

Y pasó el tiempo,

viajamos, soñamos…

Ocupamos rincones

que hicimos nuestros.

Tus ojos me descubrieron

al igual que hoy,

que el cielo es tu colchón.

Recuérdame hoy, que aún no es tarde,

que no olvide tu sonrisa,

ni el mes de abril en el cajón,

ni el corazón en la maleta,

ni los retazos de tu adiós no muy lejano,

mientras el frío aún aprieta.

 

 

5:00 a.m.

Me acuerdo de ti,

y quizás me duela

saber que nunca volveré

a conocerte como ahora.

No volverán esos días,

esas buenas noches

tan amargas,

ese hacerse mayor

sin delicadeza.

Ese contagio, ese sin ti,

ese naufragio,

este dolor

de un amor tan amargo.

Unos ojos verdes,

ese sabor de unos labios

que alguien ha raptado,

ese ardor

de besos con napalm.

Ese calor

de tu cama vacía.

Ese balcón

donde se asoma la cobardía.

Ese quererte sin querer.

Una cerveza,

con sabor a Mestalla.

Una certeza,

en los besos que no te dan.

Una noche,

que no fue una más.

Un colchón,

que no pedía aval.

Quedarme contigo

y sentir el vacío,

o dormir (aburrido)

en el rincón de

una cama fría.

 

 

XXIX

Llueve, y solo pienso en ti

como en aquella tarde

sin nada que decir;

y frente a tu casa sentí

que algo escapaba de mi vida,

quién me iba a decir

lo que por mí, tú sentías

(No era más que lo que por ti yo sentía).

Y cambiamos cuadernos,

historias, miradas

guerras en tus labios,

aún no acabadas.

Y todo eso ya pasó

y sé que mañana

ya no te veré como cada día.

 

 

XXX

Queda poco tiempo,

y antes de que todo termine,

quiero que sepas:

Que no soy en verdad quien quise ser,

que no te besé,

por miedo a sentir miedo

de quemarme con tus labios

de hielo, pensar que para ti

no era nada.

Que no me fue fácil estar a tu lado

quererte como cada día,

y sentir que no era lo correcto.

Desenredar tu pelo,

enredando mi vida al tiempo,

que el corazón y la cabeza

no me decían lo mismo.

…Y a pesar de todo; Me encanta estar a tu lado,

hablar contigo, sentirte cerca,

susurrarte al oído,

cargar tu maleta…

 

 

Me dejé olvidado…

Me dejé olvidado

algo más que recuerdos,

y una botella de ron,

en aquel cuarto de hotel.

Mi pluma de escritura,

mi aventura

en el horizonte, que se

dejaba ver desde mi ventana.

El corazón en la maleta revuelta,

y pensamientos andando

por esos pasillos.

Cuartos de baño inundados,

y océanos de vida

al borde de la sequía.

Miradas robadas, confundidas,

y labios frágiles

secados por el clima

y tu duda.

Tantas cosas allí se quedaron,

y me llueve el recuerdo

de la farsa,

la larva que ellos mudaron.

La pupila archivó

unos ojos verdosos,

una huida,

un por qué no fui yo.

Y la marcha,

fue más que tu huida,

allí me mostraste de nuevo

que aquel idiota era yo.

Y todo ocurría,

se han quebrado un par de vidrios

entre abrazos y risas,

sentimientos cruzados y mismos destinos.

Y la noche era mía,

y tus labios no,

y tu cama vacía

te esperaba en la noche.

Y se dejaba entrever,

esperanzas frustradas

entre un resquicio de luz.

Se abrió la puerta,

y solo una parte de ti

la otra fuera quedó;

¿recuerdas?...

Todo un infierno, henchido

con tu cielo

allí bramó.

Y las horas fueron segundos

cada vez más cortos,

y tus labios,

recordando abandonos.

Y a la vuelta

supimos,

que esos sueños dormidos

quizá los perdimos,

no fueron nunca nuestros.

Y algo quedaba,

entre el vaho de los

cristales,

en la soledad que me dejabas

a su lado.

En el olvido,

de un rincón deshabitado

que buscaste

bajo la noche fría,

mientras soñé que me besabas

y maldecía la cobardía

que no huyó con el primer beso,

y tu sabor amargo.

Del libido que

me incitaba,

y lloraré

pensando que no sentí el roce de tus labios.

Mientras tu pubis

se acercaba en el misterio

de tu cuerpo,

y tus brazos

me acercaban a tu boca.

Y mis manos…,

mis manos

anudaban tu cintura,

buscando tu guerra

en la tregua de tus labios.

 

 

 

XXXII

La fragilidad de un cristal,

alumbra y marca tu vida.

Y aquí sigo en el camino

cruzándome contigo.

Y miradas que se pierden

y vidas que se agotan.

Amigos que mueren,

y miedos que no se apagan.

Sentimientos que ya se ahogan,

y risas que lloran amargas.

 

 

XXXIII

Daría lo que fuera solo por hacerte

pensar en mí unas horas,

por ser un cuadro en tu pared,

quedarme como a ti colgado,

mirarte horas muertas, y

no ser tú la que me mates;

Ver tu pupila, reflejando

la mía tan cercana.

 

 

XXXIV

Vivo de mis contradicciones,

y te busco,

y me asusto,

me busco en tus rincones.

Y pienso en ti, si no estás;

y te sueño como si estuvieras lejos,

cuando estás a mi lado

y pienso en otras.

Y tu tranquilidad,

quintaesencia de la luz de tus pupilas,

del néctar prohibido de tus labios,

me asusta si me miras.

 

 

XXXV

Dejaste abril colgado,

como aquel abrigo en el armario.

¿Dónde perdiste abril lejos de mí?

Fuiste tachando días de un calendario,

y escribiendo versos en tu agenda,

pensando que él está lejos, tan extraño.

Y quizá alguien tan cerca te sueña…

 

 

 

XXXVI

Y mientras tú sigues conmigo,

sueño noches más largas en sus brazos,

recordando esos momentos vividos

de los que en el tiempo hemos huido.

Perdiendo en el horizonte de tus ojos;

algo más que unos besos robados…

 

 

 

XXXVII

Descubrimos que…

tus besos no eran de verdad,

allí un sabor a sal escapaba de tu lagrimal.

En tu rostro se empezaba a ver,

el paso del tiempo y madurar,

¿dónde quedó esa niña

que no sabía volar?.

Y no piensas ya, lo mismo que ayer,

te guían otros,

no esperas nada,

y dejaste de soñar despierta…

 

 

 

 

 

Carlos Gallo.

Poemas escritos entre el 8/11/04 y el 4/5/05.